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Reseñas

El bosque de los suicidas: Una odisea sombría

El bosque de los suicidas recorte
Tiempo de lectura: 10 minutos aprox.

Una mirada inquietante: Aokigahara, el bosque de los suicidios

En la sombra majestuosa del monte Fuji, icono indiscutible de la belleza natural de Japón, yace un manto verde oscuro y misterioso que desafía la tranquilidad inherente a un paisaje boscoso. Esta es la morada de Aokigahara, un bosque de 35 km² que esconde en su espesor una historia tan oscura como las sombras que habitan bajo sus copas.

El bosque de los suicidas. Aokigahara

El origen geológico de este bosque es tan tumultuoso como su reputación actual. Nacido de las corrientes de lava que fluyeron durante las erupciones volcánicas entre los años 800 y 1083, Aokigahara creció hasta convertirse en un bosque denso y enigmático. Pero es la trágica función que cumple en la sociedad japonesa contemporánea lo que lo ha convertido en una localización temida y evitada: Aokigahara es el segundo lugar más popular del mundo para cometer suicidio.

Estoy seguro de que, como a mí, esta información te desconcierta. Es como una herida abierta en medio de una pintura apacible, un punto de dolor en la vastedad del lienzo natural. Al parecer, cientos de personas cada año ven en la sombría intimidad de este bosque un último refugio. Se internan en sus profundidades para encontrarse con la muerte, alejados de miradas indiscretas y de cualquier interrupción.

El bosque de los suicidios

No es una simple superstición decir que los espíritus de estos desafortunados siguen encadenados a las tortuosas sendas del bosque. El bosque de los suicidas guarda sus secretos, y sus silencios son tan densos como la vegetación que lo cubre. El aura melancólica de este sitio es casi tangible, y uno no puede evitar pensar en las almas que han elegido este lugar como su último rincón de paz en el mundo.

Aunque es inquietante contemplar este lado oscuro de la sociedad japonesa, considero fundamental no apartar la mirada. Sólo enfrentando y entendiendo estos aspectos sombríos podemos empezar a buscar soluciones a este doloroso problema. En este sentido, El bosque de los suicidas se convierte en una herramienta de reflexión, en un espejo que nos muestra una realidad que duele, pero que necesita ser vista.

El bosque de los suicidas primera página

«Desesperación y horror en Aokigahara»


DETALLES DEL CÓMIC

El bosque de los suicidas Portada

Título original: The suicide forest

Editorial: Karras Cómics

Autor: El Torres

Dibujante: Gabriel Walta

Fecha de publicación: Originalmente en 2011, reeditado por Karras Cómics

Género: Novela gráfica de terror

Páginas: Número de páginas variable dependiendo de la edición. La edición en tapa dura de Karras Cómics incluye la miniserie completa (106 páginas).


Adentrándonos en «El bosque de los suicidas»

El bosque de los suicidas comenzó su andadura en el año 2011. Apareció por primera vez bajo el formato de una miniserie de cómics de terror, una serie que se adentraba en el misterio y el horror, explorando temas tan profundos y oscuros como la desesperación humana y el suicidio.

Detrás de esta obra se encuentran dos figuras destacadas en el mundo del cómic: Gabriel Walta y El Torres. Ambos han dejado su sello personal en El bosque de los suicidas, con Walta aportando sus habilidades artísticas en las ilustraciones y El Torres sumergiéndose en las profundidades del guion.

Gabriel Walta (izquierda) y El Torres (derecha)
Gabriel Walta (izquierda) y El Torres (derecha)

La obra original tuvo un éxito considerable, no sólo por su enfoque único sobre un tema tan delicado, sino también por la calidad excepcional de su arte y su narrativa. Sin embargo, fue la reedición por Karras Cómics la que la trajo de nuevo a la luz y la puso al alcance de un público más amplio.

La reedición de Karras Cómics es una reinterpretación cuidadosamente curada y bellamente presentada. La edición en tapa dura no sólo respeta el arte y la narrativa de la serie original, sino que realza y celebra la extraordinaria colaboración entre Walta y El Torres.

El bosque de los suicidas Natsume Soseki (cita)

La combinación del arte inquietante de Walta y la narrativa profunda de El Torres da vida a El bosque de los suicidas. A través de sus páginas, se nos invita a adentrarnos en un viaje de dolor, desesperación y terror que deja una impresión duradera en la mente del lector.

Descubriendo la Trama de «El bosque de los suicidas»

Los protagonistas que nos guían a través de esta narrativa son Alan y Masami. Alan, un extranjero en tierras japonesas o gaijin, se encuentra enredado en una relación tóxica con Masami. Cuando Alan decide romper lazos, una obsesión profunda y dolorosa empuja a Masami hacia un abismo de desesperación.

La historia de El bosque de los suicidas se adentra en la trágica narrativa del desamor, el suicidio y el dolor. Después de su ruptura con Alan, Masami, consumida por la desesperación, elige terminar con su vida en la soledad de Aokigahara. Alan, ajeno a su decisión, intenta seguir adelante, pero el destino tiene otros planes.

Busqueda en el bosque con un perro

El clímax de la historia llega cuando Masami, tras su suicidio violento y solitario en Aokigahara, se transforma en un espíritu vengativo. Su obsesión por Alan no termina con su muerte, sino que adquiere un tono aún más siniestro. Ahora, como espíritu, Masami está determinada a arrastrar a Alan a la muerte para que descanse a su lado para siempre.

La trama de El bosque de los suicidas, aunque envuelta en el género del horror y la fantasía, aborda temas humanos universales. El desamor, la obsesión y el suicidio son problemas reales que afectan a personas en todo el mundo, y esta historia nos desafía a enfrentarlos, a considerar su impacto y a buscar formas de abordar estos problemas en nuestras propias sociedades.

Soledad en Tokyo

La elegancia artística en «El bosque de los suicidas»

La representación gráfica en El bosque de los suicidas no es menos que impactante. Cada viñeta está meticulosamente dibujada, creando una estética visual que te atrapa desde el primer vistazo. Gabriel Walta ha hecho un trabajo extraordinario al lograr plasmar la intensidad emocional de la trama en cada dibujo. Escenas que podrían ser fácilmente consideradas grotescas en su crudeza, se presentan aquí con una elegancia que te obliga a enfrentar la realidad de lo que representan.

El bosque de los suicidas Historias verdaderas

La elección y uso del color en esta obra es excepcional y juega un papel importante en la narrativa

Walta utiliza una paleta de colores apagados para ilustrar el pasado y la vida de Alan, un tono azul melancólico que transmite perfectamente la soledad y el desasosiego de los personajes. Por otro lado, las escenas que tienen lugar en Aokigahara están teñidas de un verde ocre, una elección de color que en la cultura occidental a menudo se asocia con la decadencia y la muerte.

Además, la influencia del cine de terror japonés es evidente en las ilustraciones de la obra. Las deformaciones de los rostros y los primeros planos son características comunes en las películas de terror japonesas, y aquí se utilizan para amplificar el horror y la angustia. A su vez, la cultura popular japonesa se teje sutilmente en la trama y el estilo artístico, proporcionando una autenticidad que realza la experiencia del lector.

Entrando en el bosque

En conjunto, el estilo artístico de El bosque de los suicidas es una combinación equilibrada de horror y belleza, de crudeza y elegancia. La elección de los colores, las técnicas de dibujo y la inclusión de elementos culturales japoneses se unen para crear una obra visualmente impactante que no se olvida mucho después de que se cierra el libro.

Un eco de Japón 

Una de las peculiaridades más notables de El bosque de los suicidas es la forma en que integra elementos culturales japoneses en su narrativa. La historia se presenta en cuatro partes, cada una de las cuales se abre con una imagen real de Aokigahara y un breve poema de autores japoneses reconocidos. Esta fusión de elementos visuales y literarios no sólo enriquece la narrativa, sino que también teje un hilo de realidad a través de la trama, recordándonos que, aunque la historia es ficción, el lugar y el problema del suicidio son muy reales.

Sadomasoquismo

El nivel de detalle que Gabriel Walta y El Torres han incorporado en la caracterización de los personajes y la ambientación es verdaderamente impresionante

Masami, en particular, es un personaje muy bien desarrollado. Walta la ilustra con una precisión que va más allá de lo físico, incorporando elementos de la psicología y la cultura japonesa que hacen que su personaje sea increíblemente auténtico.

Los gestos, las expresiones y las costumbres retratadas en el cómic son fielmente japonesas, desde pequeños detalles como las manos en forma de garras de Masami hasta los nombres y las interacciones entre los personajes. Esta atención al detalle refleja un profundo conocimiento y respeto por la cultura japonesa por parte de los creadores, lo que contribuye a la profundidad y la credibilidad de la historia.

Búsquedas de cuerpos sin reclamar

Por lo tanto, a través de su obra, Walta y El Torres no sólo nos invitan a una aventura de terror, sino también a un viaje cultural a través del Japón contemporáneo y sus tradiciones, convirtiendo a El bosque de los suicidas en una experiencia única y enriquecedora para el lector.

El Yurei en «El bosque de los suicidas»

Masami y el Yurei tradicional japonés

En la historia de El bosque de los suicidas, la figura del Yurei, un tipo de espíritu o fantasma en la tradición japonesa, juega un papel importante. En el caso de Masami, después de su suicidio, se transforma en una entidad espectral que lleva su obsesión por Alan más allá de la muerte.

Es interesante comparar a Masami con el concepto tradicional de Yurei en la cultura japonesa. Aunque comparte algunas características, como su comportamiento agresivo y un patrón de asesinatos que siguen las tradiciones de los Onryo (una subcategoría de Yurei conocida por su naturaleza vengativa), la interpretación de Masami como Yurei no es puramente japonesa. No se adhiere estrictamente a las convenciones tradicionales de los Yurei, como la aparición en forma de kimono funerario y la ausencia de pies.

El bosque de los suicidas Debemos estar juntos

Fusión de convenciones occidentales

A pesar de esto, el personaje de Masami se enriquece aún más con la incorporación de convenciones occidentales. Esto se refleja en la representación de Masami, cuyo rostro desfigurado y aspecto fantasmal evocan las representaciones de espíritus y fantasmas en la cultura popular occidental.

Este enfoque híbrido, que combina elementos del folclore japonés con convenciones occidentales, contribuye a la complejidad del personaje de Masami y a la riqueza de la narrativa. Aunque El bosque de los suicidas se arraiga en la cultura japonesa, también habla a una audiencia global al fusionar diferentes tradiciones de terror y horror en su trama.

El bosque de los suicidas Fantasmas en el bosque

Así, Masami no es sólo un Yurei en el sentido tradicional japonés. Se convierte en un personaje que trasciende fronteras culturales y proporciona una perspectiva única sobre cómo diferentes culturas abordan temas similares, como la muerte, el más allá y la venganza.

Para quién es «El bosque de los suicidas»

Si bien El bosque de los suicidas es una obra de ficción que puede ser disfrutada por una amplia variedad de lectores, tiene un atractivo especial para aquellos con un interés particular en la cultura japonesa. La atención al detalle, la representación auténtica de la sociedad japonesa y la integración de elementos de la tradición y el folclore japonés enriquecen la experiencia de lectura para aquellos familiarizados con ellos.

Rezando ante los Kami

La incorporación de aspectos sutiles de la cultura japonesa, como el nombramiento respetuoso del monte Fuji como Fuji-san, las referencias a los Onis y Yokais, y la naturalidad con la que se incorporan los diálogos y expresiones japonesas, dan vida a la narrativa. Estos detalles, aunque sutiles, proporcionan capas adicionales de significado y autenticidad a la trama.

Por lo tanto, aunque cualquier aficionado a las novelas gráficas de terror puede disfrutar de El bosque de los suicidas, aquellos con un conocimiento más profundo de la cultura japonesa probablemente encontrarán en la obra una riqueza adicional. Sin embargo, no hay que preocuparse si no estás íntimamente familiarizado con la cultura japonesa. Walta y El Torres han creado una historia universal de amor, pérdida y desesperación que es accesible y resonará con cualquier lector, independientemente de su familiaridad con la cultura japonesa.

El bosque de los suicidas Llega la ayuda

Un Viaje Sombreado: Mi Reflexión sobre «El bosque de los suicidas»

Luego de sumergirnos en las páginas de El bosque de los suicidas, uno puede sentirse abrumado, e incluso un poco perdido, en su densa trama y desoladora estética. Sin embargo, en medio de esa densidad, emerge una obra de arte que nos reta, nos conmueve y, sobre todo, nos invita a reflexionar.

«El bosque de los suicidas» no es una obra que abrace al lector con calidez. Por el contrario, es un viaje que nos enfrenta a las sombras, al terror y a la soledad más profunda. La narrativa de El Torres, tan cruda y despiadada, y las ilustraciones de Gabriel Walta, que desdibujan la línea entre la belleza y el horror, convergen para crear una experiencia de lectura inquietante y desgarradora.

La llamada del bosque

Sin embargo, considero que es precisamente en este desafío donde reside la magia de esta obra. No pretende ser fácil de digerir ni ofrecer una solución simple a los problemas complejos que aborda. En cambio, «El bosque de los suicidas» nos presenta una realidad aterradora con la esperanza de que, al enfrentarla, podamos comenzar a buscar soluciones.

No todos los lectores estarán preparados para embarcarse en este viaje. La crudeza de su trama y la intensidad de sus imágenes pueden resultar perturbadoras para algunos. Y, sin embargo, creo que es precisamente su falta de concesiones lo que la hace tan valiosa. «El bosque de los suicidas» no diluye su mensaje para complacer al lector; en cambio, desafía nuestras percepciones y nos empuja a cuestionar la realidad tal como la conocemos.

Deambulando por el bosque

Para aquellos con una apreciación por la cultura japonesa y un estómago para el horror crudo, «El bosque de los suicidas» es una obra maestra que merece ser explorada. Y para aquellos que se sientan desafiados por su contenido, les insto a mirar más allá de la superficie y a considerar las preguntas que plantea. Al fin y al cabo, las obras más memorables son aquellas que nos desafían a pensar, a sentir y a crecer. Y en ese sentido, «El bosque de los suicidas» cumple con creces.

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